«No es solo cómo se ve y cómo se siente. El diseño es cómo funciona.» – Steve Jobs
En el artículo anterior les hablaba de los PFAS, los llamados «químicos eternos», y de los nuevos límites europeos para su presencia en determinados envases alimentarios.
Pero aquello era solo una pieza de una transformación mucho mayor. Europa está cambiando también las reglas de las cajas, envoltorios y materiales que acompañan nuestras compras por Internet, y entre las empresas surge una preocupación muy concreta: ¿cuánto va a costar adaptarse?
Porque reducir una caja parece sencillo. Cambiar la química que permite que siga siendo resistente, funcional y reciclable ya es otra historia.
¿Puede una regulación pensada para reducir residuos terminar encareciendo nuestras compras online?
«La ciencia y la vida cotidiana no pueden ni deben separarse.» – Rosalind Franklin
Una caja de pizza, un envoltorio resistente a la grasa o determinados envases de comida para llevar tienen que enfrentarse a un pequeño desafío químico: evitar que la humedad y los aceites atraviesen el material. Para conseguirlo se han utilizado, entre otras soluciones, PFAS, una gran familia de sustancias químicas fluoradas capaces de aportar propiedades repelentes frente al agua y a ciertos compuestos lipídicos.
Ahora, la Unión Europea ha establecido nuevos límites a su presencia en los envases destinados al contacto con alimentos. Pero ¿qué son exactamente estos llamados «químicos eternos» y por qué unas sustancias que han resultado tan útiles han terminado en el punto de mira?
La respuesta está, en buena medida, en su estructura molecular y en uno de los enlaces más fuertes de la química orgánica: el enlace carbono-flúor (C-F).
«Equipado con sus cinco sentidos, el ser humano explora el universo que lo rodea y llama Ciencia a esa aventura» – Edwin Hubble.
A propósito del eclipse total de Sol del próximo 12 de Agosto de 2026, quise dedicar una publicación a un aspecto de estos fenómenos del que se habla bastante menos: su relación con la química.
Detrás de la espectacular imagen de la Luna ocultando al Sol se esconden descubrimientos, fenómenos químicos y algunos datos bastante interesantes que han contribuido incluso a ampliar nuestro conocimiento sobre la materia.
A continuación, cinco curiosidades que conectan los eclipses solares con la química y que quizá hagan que, a partir de ahora, los veas de otra manera.
«El fútbol se juega principalmente con la cabeza. Debes estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde». – Johan Cruyff
A pocas horas de la final del Mundial de Fútbol 2026 entre España y Argentina, una densa capa de humo cubrió parte del cielo de Nueva Jersey y obligó a modificar los planes de entrenamiento de ambas selecciones. La presencia de partículas en suspensión redujo la visibilidad, deterioró la calidad del aire y convirtió a la atmósfera en una protagonista inesperada antes del partido más importante del torneo.
El origen de ese humo no se encontraba cerca del estadio, sino a cientos de kilómetros de distancia. ¿Cómo logró llegar hasta Nueva Jersey, qué sustancias transportaba y hasta qué punto puede influir en la final?
¿De dónde procede el humo que ha llegado a Nueva Jersey?
El humo que ha cubierto el noreste de Estados Unidos durante los días previos a la final no procede de un único incendio, sino de numerosos fuegos forestales activos en Canadá. La mayor contribución a este episodio se ha relacionado con los incendios extendidos por amplias zonas boscosas del norte de Ontario, al norte de los Grandes Lagos. También se ha detectado la influencia de algunos focos situados en el norte de Minnesota.
Muchos de estos incendios se encuentran en territorios remotos y de difícil acceso. El calor generado por las llamas impulsa hacia la atmósfera gases, cenizas y partículas, formando una columna sobre la zona incendiada. Cuando este material alcanza capas donde circulan vientos más intensos, comienza a desplazarse lejos de su lugar de origen.
Durante el trayecto, el humo se extiende y forma lo que en meteorología se denomina pluma de humo: una franja alargada de aire contaminado que avanza siguiendo las corrientes atmosféricas. No se trata de una nube compacta ni uniforme, ya que su concentración, anchura y altura cambian mientras se mezcla con el aire circundante.
Entre el Miércoles 15 y el Jueves 16 de Julio, esa pluma avanzó desde Canadá y la región de los Grandes Lagos hacia el Medio Oeste, el noreste y parte de la costa atlántica de Estados Unidos. El episodio afectó a estados como Minnesota, Wisconsin, Illinois, Michigan, Pensilvania, Nueva York y Nueva Jersey, además de otras zonas de Nueva Inglaterra y el Atlántico Medio.
Al llegar al área metropolitana de Nueva York y al norte de Nueva Jersey, el humo cubrió el cielo con una neblina blanquecina, redujo la visibilidad y produjo olor a quemado en algunas localidades. El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos advirtió de sus posibles efectos sobre las condiciones atmosféricas de la región.
Durante el Jueves 16 de Julio, distintos puntos de Nueva Jersey registraron una calidad del aire insalubre para los grupos sensibles. Entre las personas más vulnerables se encuentran los niños, los adultos mayores, quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares y quienes realizan actividades físicas prolongadas al aire libre.
¿Qué contiene el humo y cómo se transforma durante el viaje?
Desde el punto de vista químico, el humo de un incendio forestal es una mezcla compleja que puede contener dióxido de carbono, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles, carbono negro, cenizas y partículas de diferentes tamaños.
Cuando estas emisiones recorren largas distancias, la principal preocupación para la calidad del aire son las partículas finas PM2.5, cuyo diámetro es inferior a 2,5 micrómetros. Su tamaño les permite permanecer suspendidas durante días, penetrar profundamente en el sistema respiratorio y alcanzar regiones muy alejadas de los incendios.
También influyen en el aspecto del cielo. Al dispersar y absorber parte de la radiación solar, generan una apariencia lechosa y pueden intensificar las tonalidades rojizas o anaranjadas del Sol al amanecer y al atardecer.
La composición del humo, además, continúa evolucionando durante el recorrido. La radiación solar, el ozono y otras especies químicas reactivas transforman parte de los compuestos orgánicos liberados por la combustión. Algunas de estas reacciones producen sustancias menos volátiles que se incorporan a los aerosoles existentes o forman nuevas partículas, conocidas como partículas secundarias.
Por tanto, el aire que ha llegado a Nueva Jersey contiene tanto contaminantes emitidos directamente por los incendios como compuestos formados posteriormente en la atmósfera.
Así ha evolucionado la calidad del aire.
El humo comenzó a hacerse especialmente visible en Nueva York y Nueva Jersey a partir del jueves 16 de julio y ha continuado afectando la región durante los días previos a la final. Su concentración no ha sido constante ni uniforme. La dirección del viento, la estabilidad de la atmósfera y la altura de la pluma de humo han provocado diferencias entre unas localidades y otras, así como cambios apreciables en cuestión de horas.
Durante el Viernes se observó una mejoría temporal en parte del área metropolitana debido al desplazamiento del humo. Sin embargo, los modelos apuntaban a un posible aumento de las partículas durante la noche y buena parte del Sábado.
Una medición aislada no permite describir la situación de toda la jornada. La calidad del aire puede mejorar o empeorar rápidamente si cambia la dirección del viento o si una nueva capa de humo desciende hacia la superficie.
Para evaluar estas variaciones se utiliza el Índice de Calidad del Aire (AQI). La plataforma oficial AirNow permite consultar sus valores actualizados y seguir la evolución de la calidad del aire en Nueva Jersey.
¿Qué es el AQI y cómo se calcula?
El Índice de Calidad del Aire (Air Quality Index- AQI) es una escala diseñada para comunicar de forma sencilla el nivel de contaminación atmosférica y sus posibles efectos sobre la salud. Sus valores van de 0 a 500: cuanto más elevado es el número, mayor es el nivel de contaminación y el riesgo asociado.
Sin embargo, el AQI no mide directamente una cantidad de humo ni indica el número de partículas presentes en el aire. Las estaciones de vigilancia miden primero la concentración real de distintos contaminantes, como las partículas PM2.5 y PM10, el ozono, el dióxido de nitrógeno, el monóxido de carbono o el dióxido de azufre.
Estas concentraciones pueden expresarse en unidades diferentes. Por ejemplo, las partículas suelen medirse en microgramos por metro cúbico (µg/m³), mientras que otros contaminantes se expresan en partes por millón (ppm) o partes por mil millones (ppb). Para poder comparar todos ellos mediante una única escala de riesgo, la concentración de cada contaminante se transforma en su correspondiente valor del AQI.
¿Cómo se obtiene el valor del AQI?
Para cada contaminante existe una tabla oficial de intervalos de concentración. Cada intervalo está asociado a un tramo concreto del AQI y a una categoría de calidad del aire.
Por ejemplo, existe un intervalo de concentraciones que corresponde a un AQI de 0 a 50 (buena), otro al intervalo 51-100 (moderada), otro al 101-150 (perjudicial para grupos sensibles) y así sucesivamente hasta alcanzar el valor máximo de 500. Estos límites no se calculan a partir de las mediciones realizadas ese día, sino que están establecidos previamente por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).
Cuando una estación registra la concentración de un contaminante, simplemente se determina en qué intervalo oficial se encuentra y, a continuación, se aplica una fórmula de interpolación para calcular el valor exacto del AQI dentro de ese tramo.
En esa fórmula:
C es la concentración del contaminante medida por la estación.
C bajo y C alto son los límites inferior y superior del intervalo oficial de concentración en el que se encuentra esa medición.
I bajo e I alto son los límites del AQI correspondientes a ese mismo intervalo.
I es el valor final del AQI obtenido tras el cálculo.
La fórmula determina la posición que ocupa la concentración entre C bajo y C alto y la traslada proporcionalmente al intervalo comprendido entre I bajo e I alto. Gracias a este procedimiento, contaminantes medidos en unidades diferentes pueden expresarse mediante una misma escala de riesgo para la salud.
¿Qué significa un AQI de 63 y de dónde sale ese número?
En el momento de la consulta, East Rutherford, la localidad donde se encuentra el estadio de la final, registraba un AQI de 63. El dato fue consultado a las 9:11 p. m. del Sábado 18 de Julio de 2026, hora local de Nueva Jersey y Nueva York, en la página de calidad del aire de East Rutherford de IQAir. Debido a que la calidad del aire cambia con el viento, la lluvia y el desplazamiento del humo, el valor mostrado en la página puede variar a lo largo del día.
Un AQI de 63 se encuentra dentro de la categoría moderada, que comprende los valores de 51 a 100. En esta categoría, la calidad del aire se considera aceptable, aunque algunas personas especialmente sensibles pueden experimentar efectos relacionados con la contaminación.
El número 63 no significa que haya 63 partículas ni que la concentración sea de 63 microgramos por metro cúbico. Es el resultado de convertir la concentración real del contaminante principal en la escala común del AQI.
Primero, una estación o un sensor mide la concentración del contaminante presente en el aire. Después, esa concentración se compara con los intervalos establecidos para ese contaminante. Una vez identificado el intervalo en el que se encuentra la medición, se aplica la fórmula de interpolación para calcular el valor exacto del AQI.
En este caso, el resultado de esa conversión es 63. Esto indica que la concentración medida ha superado el límite de la categoría buena, que termina en 50, y se encuentra en la parte baja de la categoría moderada.
Nueva Jersey no tiene un único AQI válido para todo el estado. El valor de 63 corresponde a East Rutherford y al momento concreto de la consulta. Otras localidades pueden registrar valores diferentes, y una nueva actualización de la misma página puede mostrar un resultado distinto.
¿Cómo pueden ayudar la lluvia y el viento?
La lluvia puede retirar parte de las partículas suspendidas, pero no limpia por sí sola toda la atmósfera ni produce una mejoría inmediata.
Las gotas incorporan partículas mientras se forman dentro de las nubes y también capturan aerosoles durante su caída, arrastrándolos hacia la superficie. Este mecanismo se conoce como deposición húmeda.
Su eficacia depende de la intensidad y duración de la precipitación, del tamaño de las partículas y de la altura a la que se encuentre la capa de humo. Una lluvia persistente suele resultar más efectiva que un chubasco breve, aunque no puede eliminar los contaminantes situados en niveles de la atmósfera que no atraviesa.
Cuando el humo de los incendios alcanza regiones tan alejadas de su origen, el paso completo del sistema meteorológico puede resultar más importante que la lluvia por sí sola. Hoy, Sábado 18 de Julio, fuertes tormentas eléctricas han atravesado Nueva Jersey y el área de Nueva York, acompañadas de lluvias intensas y cambios en la circulación del aire. La actividad eléctrica ha obligado a España a cancelar su último entrenamiento al aire libre y trasladar el trabajo al interior, mientras que Argentina ha retrasado su sesión hasta que las condiciones han mejorado.
El paso de las tormentas y el cambio en la circulación del aire pueden favorecer la mejora de la calidad del aire mediante tres procesos complementarios:
La precipitación arrastra parte de las partículas hacia la superficie.
El viento dispersa y desplaza el humo acumulado sobre la región.
La llegada de una nueva masa de aire sustituye gradualmente al aire contaminado.
Por tanto, la posible mejoría no debe atribuirse únicamente a la lluvia, sino a la acción conjunta de la precipitación, el viento y la renovación de la masa de aire. El alcance real de ese efecto deberá confirmarse mediante las mediciones de calidad del aire posteriores al paso de las tormentas.
¿Qué se espera para la final entre España y Argentina?
Según las previsiones meteorológicas publicadas este sábado por Associated Press, el frente de tormentas debería desplazar gran parte del humo antes de la final del Domingo 19 de Julio en East Rutherford, Nueva Jersey. También se espera que la calidad del aire mejore desde la categoría perjudicial para los grupos sensibles hasta niveles moderados, que representan un riesgo menor para la mayoría de la población.
Esto no significa necesariamente que el cielo vaya a quedar completamente despejado. Todavía podrían persistir una ligera bruma y cierto olor a humo. Además, las condiciones podrían variar si cambia la dirección del viento o llega una nueva franja de contaminación.
En principio, las previsiones apuntan a que el humo tendrá un impacto limitado sobre el encuentro. No obstante, la situación definitiva dependerá de las concentraciones de partículas registradas en las inmediaciones del estadio durante la jornada del domingo.
Cuando la química también participa en la final.
Este episodio demuestra hasta qué punto la atmósfera funciona como un sistema interconectado. Incendios situados a cientos o incluso miles de kilómetros pueden modificar la composición del aire, reducir la visibilidad y alterar las condiciones ambientales de un gran acontecimiento deportivo.
La química permite identificar las sustancias presentes en el humo y comprender las transformaciones que experimentan durante su desplazamiento. La meteorología, por su parte, explica cómo se transporta la pluma, por qué parte de las partículas desciende hasta la superficie y qué procesos pueden favorecer su dispersión o eliminación.
En esta ocasión, la lluvia y el viento no solo han condicionado los últimos preparativos de las selecciones. También pueden contribuir a retirar parte de las partículas suspendidas y a renovar la masa de aire antes de la final.
Si las previsiones se cumplen, el humo quedará relegado a un papel secundario y la atención volverá a concentrarse en el verdadero protagonista: el partido entre España y Argentina.
Sin más que añadir, espero que disfruten este Domingo de Mundial, vean o no el partido. Como siempre, gracias por leerme y… ¡Hasta la próxima!
«La ciencia y la vida cotidiana no pueden ni deben separarse.» – Rosalind Franklin.
Las dos últimas publicaciones de este blog han estado dedicadas a Venezuela. Y, de alguna manera, seguimos con la mente y el corazón allí.
Hoy quiero hablarles de la química que también atraviesa estos días: la que está presente detrás de las imágenes de rescate, en el trabajo de los equipos de búsqueda y en los materiales que permanecen después de una emergencia.
También hay preguntas importantes sobre el destino de esos restos y sobre lo que puede ocurrir cuando llegan a espacios tan sensibles como el mar.
Porque comprender estos procesos también es una forma de mirar la emergencia con más cuidado y responsabilidad. A continuación, exploramos la química presente en los rescates y los posibles efectos ambientales de los escombros.
«Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.» – Carl Sagan.
Desde el doblete sísmico ocurrido en Venezuela el 24 de Junio de 2026, las redes sociales se han llenado de preguntas, sospechas y explicaciones sobre su posible origen.
Muchas apuntan a Morón, a la actividad petrolera, al fracking o incluso al HAARP. Aunque un terremoto es, ante todo, un fenómeno geológico, estas ideas también involucran temas relacionados con la química: fluidos, procesos petroquímicos y actividad energética.
¿Puede el fracking influir en un sismo? ¿Qué se hace realmente en Morón? ¿Y por qué HAARP vuelve a aparecer en estas conversaciones?
En este artículo revisamos qué se sabe, qué tiene base científica y qué sigue siendo solo una teoría.
«Una onza de prevención vale más que una libra de cura.» – Benjamin Franklin.
El 24 de Junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos fuertes y diferenciados. Primero ocurrió un sismo de magnitud 7,2 y, 39 segundos después, un segundo terremoto de magnitud 7,5.
Al conocer la noticia, me vino inevitablemente a la memoria la tragedia de Vargas de 1999. No porque ambos hechos respondan al mismo fenómeno (no lo hacen), sino porque ambos obligan a mirar un territorio cuya vulnerabilidad era conocida.
Para quienes mantenemos vínculos afectivos con Venezuela, esto no se reduce a cifras ni a imágenes de edificios derrumbados. Es una tragedia que se vive con tristeza, preocupación, impotencia ymuchas preguntas.
Este artículo no pretende convertir esa experiencia en una explicación fría, sino comprender qué ocurre cuando la Tierra libera energía, cómo responden los materiales y por qué la prevención sigue siendo una cuestión científica, humana e institucional.
A continuación, abordamos esta tragedia desde la relación entre la química, el territorio, las infraestructuras y la prevención, con el máximo respeto por las víctimas, sus familias y todas las comunidades afectadas.
Por eso, el terremoto de 7,5 no fue solo “un poco más fuerte” que el de 7,2: liberó cerca de 2,8 veces más energía. Considerados en conjunto, ambos eventos liberaron aproximadamente 3,8 veces la energía de un único terremoto de magnitud 7,2.
Para hacerlo un poco más gráfico, el terremoto de Haití de 2021 fue también de magnitud 7,2; por tanto, el segundo sismo venezolano liberó alrededor de 2,8 veces su energía. Y, tomando como referencia la magnitud 6,3 citada por un estudio histórico del USGS para el terremoto de Caracas de 1967, el evento de 7,5 representó aproximadamente 63 veces más energía.
Estas comparaciones sirven para dimensionar lo ocurrido, pero no explican por sí solas los derrumbes. También influyen la profundidad, la distancia, la duración del movimiento, el suelo y el estado real de las edificaciones.
Y es precisamente ahí donde conviene detenerse: en lo que una estructura puede arrastrar antes de enfrentarse a un terremoto y en los procesos, muchas veces invisibles, que condicionan su capacidad de resistir..
La química de lo que se agrieta.
El hormigón armado combina cemento, agua, arena, grava y acero. En buenas condiciones, su medio altamente alcalino protege las barras de acero internas. Sin embargo, con los años, el dióxido de carbono puede penetrar en sus poros y reaccionar con el hidróxido de calcio:
CO₂ + Ca(OH)₂ → CaCO₃ + H₂O
Este proceso, llamado carbonatación, reduce la alcalinidad del hormigón y debilita la protección química del acero.
Este punto adquiere especial relevancia en La Guaira, una zona costera y una de las más afectadas. La humedad y las sales presentes en el aire marino añaden otro riesgo: los cloruros pueden penetrar en el hormigón, alterar la protección del acero y favorecer la corrosión de las armaduras.
Cuando el acero se corroe, pierde sección; además, el óxido ocupa más volumen y ejerce presión desde dentro. El resultado puede ser grietas, desprendimientos y una menor capacidad resistente.
El calor, por sí solo, no explica un colapso. Pero las temperaturas elevadas y los cambios térmicos hacen que los materiales se dilaten y contraigan. Si ya existen fisuras o juntas deterioradas, esos ciclos pueden facilitar la entrada de agua, dióxido de carbono y sales; además, la combinación de calor y humedad puede acelerar la corrosión una vez que las armaduras quedan expuestas.
Por eso, una fisura visible no siempre nace el día del terremoto. Puede ser la manifestación final de un deterioro silencioso que llevaba años avanzando.
Una estructura sismorresistente no está diseñada para permanecer inmóvil: está diseñada para moverse sin colapsar. Debe deformarse de forma controlada y distribuir la energía del sismo sin fallas súbitas. Pero ese diseño necesita materiales durables, inspecciones y mantenimiento continuado.
El agua, el suelo y la memoria de Vargas.
La tragedia de Vargas de 1999 no fue un terremoto. Fue una catástrofe desencadenada por lluvias extremas, deslizamientos, inundaciones y grandes flujos de detritos que descendieron por las laderas hacia las comunidades costeras, dejando un desolador panorama, tal y como se observa en la siguiente foto cortesía de Getty Images:
También aquí la química (y, más ampliamente, la físicoquímica del suelo) ayuda a comprender lo ocurrido. Cuando el agua se infiltra, aumenta la presión en los poros del terreno y reduce la resistencia entre sus partículas. En laderas ya pronunciadas, esa pérdida de estabilidad puede favorecer deslizamientos.
La mezcla de agua, arcillas, limos, rocas y materia arrastrada puede convertirse en un flujo capaz de transportar bloques enormes y destruir infraestructuras a su paso.
OJO: No es que el deslave de Vargas y el doble terremoto de 2026 son «lo mismo». Pero ambos recuerdan que, en un territorio de pendientes, quebradas, suelos complejos y una franja costera densamente ocupada, el agua, el suelo y los materiales deben formar parte de cualquier política de prevención.
La misma Tierra, vulnerabilidades distintas.
En esas mismas horas también se registraron otros terremotos: uno de magnitud 5,6 en el norte de California, cerca deRedwood Valley, y otro de magnitud 6,9frente a la costa noreste de Japón, en la zona de Iwate. El primero dejó cortes eléctricos y daños menores; el segundo activó revisiones e interrupciones preventivas, sin daños graves reportados inicialmente.
No son eventos idénticos: variaron la magnitud, la profundidad, la distancia a las zonas habitadas, el suelo y las condiciones locales. Pero el contraste sigue siendo incómodo: la tragedia no la produce únicamente el terremoto; también la producen las vulnerabilidades acumuladas.
En La Guaira, esa reflexión resulta inevitable. Entre las edificaciones afectadas se encuentran al menos dos urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Playa Grande: Ciudad Hugo Chávez Frías y Luisa Cáceres de Arismendi, construidos después de la tragedia de Vargas. El fotoperiodista Daniel Hernández, de El Estímulo, documentó el 26 de Junio la situación de ambos urbanismos de Misión Vivienda, hoy inhabitables. Incluso edificaciones de pocos pisos colapsaron ante el movimiento telúrico.
Sin peritajes no es posible atribuir una causa técnica concreta ni responsabilidades individuales. Pero tampoco es aceptable reducir lo ocurrido a una fatalidad. Cuando unas edificaciones resisten y otras colapsan, deben investigarse el diseño, los materiales, el control de calidad, la supervisión de obra y el mantenimiento posterior.
En un territorio cuya fragilidad era conocida, prevenir no era opcional: era una responsabilidad pública. Reconstruir después de una tragedia no puede significar únicamente levantar viviendas, sino construir, inspeccionar y mantener para proteger la vida.
Y sin más que añadir, cierro aquí la muy triste publicación de hoy.
Desde este espacio, envío mis más sinceras condolencias a las familias de las personas fallecidas, así como todo mi apoyo, cariño y solidaridad a quienes han resultado afectados por esta tragedia, a quienes han perdido sus hogares y a las comunidades que hoy enfrentan sus consecuencias.
Como siempre, muchas gracias por leerme. Hasta una próxima entrega.
“En la naturaleza nada se crea ni se destruye, todo se transforma.” – Antoine Lavoisier
Hoy, día 21, celebramos el Día del Sol y, en muchos países, también el Día del Padre. La fecha coincide con el solsticio de Junio, cuando las regiones situadas al norte del ecuador reciben más horas de luz, mientras que al sur ocurre lo contrario.
Es el día más largo del año en todo el hemisferio norte; en el hemisferio sur, en cambio, se vive la jornada más corta y comienza el invierno astronómico.
Durante el solsticio, la energía solar incide de forma especialmente intensa sobre distintas regiones del planeta. Aunque no lo percibamos a simple vista, este cambio influye en la atmósfera, los seres vivos y numerosos procesos químicos vinculados a la radiación solar.
A continuación, te cuento qué sucede a nivel químico en nuestra única nave espacial durante este momento tan significativo del año.
“El fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes.” – Arrigo Sacchi.
Justo la semana en la que ha arrancado el Mundial de Fútbol 2026, me llegó una imagen que me hizo detenerme unos segundos.
En ella aparecía un aficionado rodeado por decenas de cervezas procedentes de todos los rincones del planeta. Algunas eran fáciles de reconocer. Otras parecían imposibles de encontrar fuera de sus países de origen.
Pero lo más curioso no era la colección en sí, sino la historia que había detrás.
Aquel aficionado había conseguido reunir una cerveza representativa de cada una de las 48 selecciones participantes en el Mundial 2026, siguiendo una tradición muy particular que ha convertido en una de sus señas de identidad.
Y claro, la pregunta apareció sola: si el Mundial pudiera jugarse también en la barra de un bar, ¿qué cerveza representaría a cada país?
«El mar, una vez que lanza su hechizo, mantiene para siempre a quien lo contempla en una red de asombro.» – Jacques Cousteau.
Hoy, 8 de Junio, se celebra el Día Mundial de los Océanos. Aunque cubren más del 70 % de la superficie terrestre y contienen aproximadamente el 97 % del agua presente en la Tierra, la mayoría de nosotros solo conocemos una pequeña parte de ellos.
Cuando observamos el mar solemos ver olas, playas o una enorme diversidad de vida marina. Pero bajo esa superficie se esconde uno de los sistemas más complejos y fascinantes de la Tierra.
Y muchas de las respuestas a sus misterios se encuentran en algo tan cotidiano como la química.
Hoy te cuento 8 curiosidades que explican de alguna manera lo especial que es esta, digamos, otra dimensión…